Cuando estuve buscándote “A tientas” para huir de tu mano de mi “Amor de tarde” hallé la salvación en la “Asunción de ti” justo cuando en la “Ausencia de Dios” su voz me clavó el puñal del “Chau número tres”. Nos quedamos “Como árboles”, “Como siempre”. Tú susurrabas con tinta “Confidencial” y yo sobaba mi “Corazón coraza” para aliviar el dolor de su “Currículum” de fracasos. Nos quedamos, nos hablamos, “De árbol a árbol”, en una riña de versos que sólo perseguía, al fin y al cabo, definir la “Táctica y estrategia” para la “Defensa de la alegría”. Reímos de tanto discutir útilmente y en medio de la risa lloramos “Desde el alma” y “Viceversa” porque es allí donde entendimos que “El amor es un centro” y uno siempre suele “Enamorarse y no” para luego romperse la madre a cabezazos en un “Epigrama con muro”. Mario, esas tardes, esas horas, “Ese gran simulacro”, Mario. Sobre todo el mío…
Y ahora que estás “Escondido y de lejos”, me interno en el bosque que formamos juntos y como cada tarde, como cada una de aquellas horas, te “Espero” impaciente, desesperada y adolorida como antes. Ven para que riamos, Mario, que “Esta ciudad es de mentiras” y lo único cierto es el tornasol infatigable de estos “Estados de ánimo” que nos abrasan en el “Fuego mudo” que incinera cada una de nuestras ramas, nuestras hojas, nuestras flores. “Hablo de tu soledad”, Mario, hablo de la mía. Hablo de la soledad de “Un hombre que mira más allá de sus narices” y que sólo por eso ya es más sólo, como nosotros. Solo, Mario, como el hombre que da la espalda a la “Incitación” y la “Intimidad” cuando no vienen de dentro porque sólo las que nos nacen del alma otorgan el privilegio de admitir que “La culpa es de uno”. El hombre solo, Mario, el de las “Primeras miradas”, que abaten y ciegan “Lo que necesito de ti” pero no callan tus palabras que, en cambio, sí enmudecen a “Los Formales y el frío” que se atreven a gritar en la noche ¡“Lovers go home”! creyendo que su delito quedará impune y no ven que en sus desaciertos son capaces de dejar a la “Luna congelada”. Pero ¿qué hacerles, Mario? ¡Qué hacer! También nosotros nos ocultamos en el bosque como árboles y entre los árboles del bosque terminamos siendo víctimas de la tala de los “Mass media” cuando nos debatimos en el soliloquio eterno del “Me sirve y no me sirve” que es el tin marín de evitar los “Medios de comunicación” que nos arrancan la vida. Y ella, desconsolada, nos pasa por delante y nos hace señas que comprendemos después de su partida y que nos devuelven al bosque a hacernos árboles, como aquellas tardes, como aquellas horas, de la risa y del llanto del “Mengana si te vas…” ¿Recuerdas, Mario? Y pensar que lo que es “Mucho más grave” es precisamente que aparentemente ¡“Nadie lo sabe”!
Pero, tú sí. Tú me ensañaste, me enseñas; sé que “No lo harás en vano”. Me sigues buscando en las tardes, en las horas y me sigues susurrando en tinta color reprimenda “No te salves” cuando me corto las venas con la filosa “Nostalgia” y nado en mi propio charco de sangre como si fuera el “Nuevo canal interoceánico” sin darme cuenta de que esta costumbre de auto-lacerarme para olvidar es tan útil como “Papel mojado”. Tú me sigues susurrando “No te salves” aun en la reunión con mis amigos, cuando entre una copa y otra, dices salud conmigo en un “Parpadeo” y me interrumpes el corazón cuando hace “Pausa” porque sabes que todas son “Pequeñas muertes”. Sí, tú sí lo sabes y por eso vienes a tirarme “Piedritas en la ventana”, por eso te quedaste árbol “Por siempre”, por eso y para recordarme “Por qué cantamos”, por qué nos hacemos “Preguntas al azar” y por qué nos gustan tanto a pesar de ser las más peligrosas…
Y ahora que estás “Escondido y de lejos”, me doy cuenta de que no hizo falta que me vieras o que nos presentaran… Hubiera sido tan vano ¡por Dios! Me hubiera quedado muda, no hubiera habido entre nosotros estas tardes “Como árboles”, esas horas de conversación en “Defensa de la alegría”. No hizo falta conocerte como los que tuvieron la oportunidad de estrecharte la mano porque así como nos conocimos tú y yo, tú me viste y yo vi el “Rostro de vos”. Es suficiente para “Saberte aquí” haber sentido, más que leído, tus “Señales” en el guiño de una “Sirena” reposando en la isla lejana de tu poesía donde con su canto logró varar cada una de mis “Soledades”, de las tuyas, de las nuestras, para dejarlas tendidas al sol, sanas y salvas, junto a algún “Soneto kitsch a una mengana…”
Hoy llevo un saco de “Talantes” que pesa mucho sobre la espalda, Mario, y debo seguir mi camino porque tengo que entregarlos a tiempo. Pero me detuve a saludarte y a recordarte que como siempre “Te espero”, que como siempre “Te quiero” y que no faltaré a la lectura de tu “Testamento de miércoles” porque seguro dejas algo bueno para los demás pero a mí, a mí me dejarás lo mejor: ¡una tarea! Aunque sea una, Mario, déjamela, que “Todavía” te siento “Torturador y espejo” y quiero dejarte mi corazón en “Trueque”. ¡Ay! ¿Pero qué cosas digo? Mi sueño deja atrás mi esperanza y mi sensatez le tira un lazo a su vuelo porque “Tu espejo es un sagaz” y de seguro no funcionará conmigo, porque tú estás del otro lado y en el mundo sólo hay dos clases de hombres, los poetas y el resto, “Ustedes y Nosotros”. Aunque aún así no dejo de preguntarme… “¿Y si fuera mujer?” y “¿si Dios fuera una mujer?” ¿“Una mujer desnuda y en lo oscuro”?... “Hagamos un trato”: Yo me olvidaré de tanto “Pasatiempo” y seré cada día más árbol como aquellas tardes, como aquellas horas de tú y yo, y tú, a cambio, en “La víspera indeleble” del silencio, me seguirás repitiendo las ristras “Cotidianas” de tus “No te salves” aunque sea en los “Poemas de otros” que lea y, aún con el “Viento del exilio” y en “Las soledades de Babel”, volveremos a hacer un “Inventario” donde no habrá “Quién de nosotros” se atreva a “La tregua”. Nos reconoceremos gracias a este “Santo y/o seña” y más allá de “La muerte y otras sorpresas”, “Con y sin Nostalgia” me seguirás trayendo “La realidad y la palabra”.
Adiós, por ahora, Amigo “Articulario”, nos veremos como siempre, nuevamente, en alguna “Primavera con esquina rota”.
“Gracias por el fuego”.
Y ahora que estás “Escondido y de lejos”, me interno en el bosque que formamos juntos y como cada tarde, como cada una de aquellas horas, te “Espero” impaciente, desesperada y adolorida como antes. Ven para que riamos, Mario, que “Esta ciudad es de mentiras” y lo único cierto es el tornasol infatigable de estos “Estados de ánimo” que nos abrasan en el “Fuego mudo” que incinera cada una de nuestras ramas, nuestras hojas, nuestras flores. “Hablo de tu soledad”, Mario, hablo de la mía. Hablo de la soledad de “Un hombre que mira más allá de sus narices” y que sólo por eso ya es más sólo, como nosotros. Solo, Mario, como el hombre que da la espalda a la “Incitación” y la “Intimidad” cuando no vienen de dentro porque sólo las que nos nacen del alma otorgan el privilegio de admitir que “La culpa es de uno”. El hombre solo, Mario, el de las “Primeras miradas”, que abaten y ciegan “Lo que necesito de ti” pero no callan tus palabras que, en cambio, sí enmudecen a “Los Formales y el frío” que se atreven a gritar en la noche ¡“Lovers go home”! creyendo que su delito quedará impune y no ven que en sus desaciertos son capaces de dejar a la “Luna congelada”. Pero ¿qué hacerles, Mario? ¡Qué hacer! También nosotros nos ocultamos en el bosque como árboles y entre los árboles del bosque terminamos siendo víctimas de la tala de los “Mass media” cuando nos debatimos en el soliloquio eterno del “Me sirve y no me sirve” que es el tin marín de evitar los “Medios de comunicación” que nos arrancan la vida. Y ella, desconsolada, nos pasa por delante y nos hace señas que comprendemos después de su partida y que nos devuelven al bosque a hacernos árboles, como aquellas tardes, como aquellas horas, de la risa y del llanto del “Mengana si te vas…” ¿Recuerdas, Mario? Y pensar que lo que es “Mucho más grave” es precisamente que aparentemente ¡“Nadie lo sabe”!
Pero, tú sí. Tú me ensañaste, me enseñas; sé que “No lo harás en vano”. Me sigues buscando en las tardes, en las horas y me sigues susurrando en tinta color reprimenda “No te salves” cuando me corto las venas con la filosa “Nostalgia” y nado en mi propio charco de sangre como si fuera el “Nuevo canal interoceánico” sin darme cuenta de que esta costumbre de auto-lacerarme para olvidar es tan útil como “Papel mojado”. Tú me sigues susurrando “No te salves” aun en la reunión con mis amigos, cuando entre una copa y otra, dices salud conmigo en un “Parpadeo” y me interrumpes el corazón cuando hace “Pausa” porque sabes que todas son “Pequeñas muertes”. Sí, tú sí lo sabes y por eso vienes a tirarme “Piedritas en la ventana”, por eso te quedaste árbol “Por siempre”, por eso y para recordarme “Por qué cantamos”, por qué nos hacemos “Preguntas al azar” y por qué nos gustan tanto a pesar de ser las más peligrosas…
Y ahora que estás “Escondido y de lejos”, me doy cuenta de que no hizo falta que me vieras o que nos presentaran… Hubiera sido tan vano ¡por Dios! Me hubiera quedado muda, no hubiera habido entre nosotros estas tardes “Como árboles”, esas horas de conversación en “Defensa de la alegría”. No hizo falta conocerte como los que tuvieron la oportunidad de estrecharte la mano porque así como nos conocimos tú y yo, tú me viste y yo vi el “Rostro de vos”. Es suficiente para “Saberte aquí” haber sentido, más que leído, tus “Señales” en el guiño de una “Sirena” reposando en la isla lejana de tu poesía donde con su canto logró varar cada una de mis “Soledades”, de las tuyas, de las nuestras, para dejarlas tendidas al sol, sanas y salvas, junto a algún “Soneto kitsch a una mengana…”
Hoy llevo un saco de “Talantes” que pesa mucho sobre la espalda, Mario, y debo seguir mi camino porque tengo que entregarlos a tiempo. Pero me detuve a saludarte y a recordarte que como siempre “Te espero”, que como siempre “Te quiero” y que no faltaré a la lectura de tu “Testamento de miércoles” porque seguro dejas algo bueno para los demás pero a mí, a mí me dejarás lo mejor: ¡una tarea! Aunque sea una, Mario, déjamela, que “Todavía” te siento “Torturador y espejo” y quiero dejarte mi corazón en “Trueque”. ¡Ay! ¿Pero qué cosas digo? Mi sueño deja atrás mi esperanza y mi sensatez le tira un lazo a su vuelo porque “Tu espejo es un sagaz” y de seguro no funcionará conmigo, porque tú estás del otro lado y en el mundo sólo hay dos clases de hombres, los poetas y el resto, “Ustedes y Nosotros”. Aunque aún así no dejo de preguntarme… “¿Y si fuera mujer?” y “¿si Dios fuera una mujer?” ¿“Una mujer desnuda y en lo oscuro”?... “Hagamos un trato”: Yo me olvidaré de tanto “Pasatiempo” y seré cada día más árbol como aquellas tardes, como aquellas horas de tú y yo, y tú, a cambio, en “La víspera indeleble” del silencio, me seguirás repitiendo las ristras “Cotidianas” de tus “No te salves” aunque sea en los “Poemas de otros” que lea y, aún con el “Viento del exilio” y en “Las soledades de Babel”, volveremos a hacer un “Inventario” donde no habrá “Quién de nosotros” se atreva a “La tregua”. Nos reconoceremos gracias a este “Santo y/o seña” y más allá de “La muerte y otras sorpresas”, “Con y sin Nostalgia” me seguirás trayendo “La realidad y la palabra”.
Adiós, por ahora, Amigo “Articulario”, nos veremos como siempre, nuevamente, en alguna “Primavera con esquina rota”.
“Gracias por el fuego”.












3 Sintieron conmigo:
yo recuerdo "táctica y estrategia", lo máximo.
Supongo que, sin saberlo, era precisamente esto lo que estaba buscado (o mejor dicho, necesitando). Gracias Celeste por la pasión, siempre encendida en tus letras, y por la memoria. Con el mayor respeto…
Hola.
Antes de nada, perdona que te escriba esto como un comentario, pero es que no vi tu email en el tu blog
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Muchas Gracias por tu tiempo... y disculpa si no fue la mejor manera de darme a conocer.
Un saludo.
DAVID T.
Webmaster de Publizida.es
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